sobre mí

“Tú puedes crear los estándares de tu propia vida”.

Noly Gil (15 de agosto de 1975)

Sobre mí.

Aunque mi familia es de origen grancanario (España), vivió algunos años en el Sáhara Occidental porque fue allí donde mi padre encontró trabajo como mecánico en las cocheras del Ejército Español. Para cuando mi madre quedó embarazada de mí, los enfrentamientos armados que los saharauis tenían contra las tropas españolas les obligó a abandonar el territorio africano y regresaron a Gran Canaria.

Y ahí nací yo, un caluroso día de agosto del 75, en el seno de una familia muy numerosa y recién llegada de África “con lo puesto”. E igual que les pasa a las gacelas en la sabana, tuve que acelerar mi adaptación para seguirle el ritmo al grupo: en casa todo era de todos; si te caías nadie te cantaba un “sana sana”; y el último en llegar a la sala de la tele se sentaba en el suelo.

Así fue como empecé a entrenar tres de mis superpoderes: compartir, abrirme camino entre las dificultades y crear los estándares de mi propia vida.

Mi padre encontró trabajo en la pedrera del pueblo, y al poco tiempo mi madre montó en casa una modesta mercería donde hacía pequeños arreglos de costura. Aquellos veranos son para mí inolvidables: cuando no estaba jugando en el barranco, estaba dibujando, o cosiendo o conduciendo tractores (sí, sí, tractores… ¡y camiones también!).

De adolescente, el que “no valía para estudiar” (qué expresión tan demoledora ¿verdad?) iba a FP (Formación Profesional). Y aunque yo “sí valía para estudiar” (¡%&*@#!) me parecía inútil cursar el bachillerato y que me obligaran a empollar materias aburridísimas que luego se me olvidarían…

Así de desorientada estaba yo cuando me hablaron de la escuela de Artes y Oficios. Fue como si el cielo se me abriera. Me apunté en la especialidad de cerámica y simultáneamente también estudié Artes Gráficas. Antes de terminar el curso ya estaba contratada en la rotativa de un periódico provincial. Pocos años más tarde me aburrí de la monotonía de trabajar en el periódico y empecé a trabajar en una imprenta, donde hacía de todo un poco y pude empezar a desarrollar mi lado polifacético.

De alguna manera mi vida sigue siendo igual que al principio, sólo que cambié el lápiz por la tableta gráfica y ahora soy esposa de un hombre muy paciente y madre de dos niños maravillosos  :´>

¿Qué más…? Cuando aparco el coche subo las escaleras mecánicas girada de espaldas para recordar el camino de regreso al parking. Me gusta la fotografía, pasear por los barrancos y hacer que la gente se sienta contenta. Creo que las normas están hechas para romperlas y reconstruirlas a nuestra medida, siempre y cuando respetemos la máxima de que “nuestra libertad termina donde empieza la libertad de los demás”.